jueves, 24 de marzo de 2011

FACTORIA





Factoria rent me
Supongo que la creatividad viene de familia aunque no siempre es repartida por igual. Gracias querida prima Carol por esta colección!

viernes, 18 de marzo de 2011

Crónicas de vejez




    Es un edificio amplio y antiguo, de hace al menos unas treinta décadas. La entrada acogedora hace sentir al visitante comodidad y cercanía. Se trata de la residencia de la tercera edad de la Misericordia (Pamplona). Con alojamiento para al menos una centena de ancianos, se constituye como un nuevo hogar para aquellas personas que precisan de compañía veinticuatro horas al día debido a su edad, enfermedad etc.
Entre todos los residentes de la Misericordia se encuentra Valentina, una mujer de 86 años que me recibe con los brazos abiertos y una gran sonrisa en la cara. Su rostro refleja años duros y una ceguera bastante imponente.

   Me siento en el borde la cama y ella a mi lado en una cómoda butaca. Comienza a hablar  sobre su infancia que es su tema favorito. Me cuanta como al ser la mayor de doce hermanos le tocó ayudar a su madre en casa ya que los demás eran demasiado pequeños. Cuando el dinero que el padre traía a casa no bastaba, tuvo que ir a trabajar con él a la fábrica de suelas de zapato que había a las afueras de Pamplona. Fue en esta fábrica en la cual perdió ligeramente la vista. Todo ocurrió cuando un día a la tarde comenzó a llover salvajemente. El río se desbordó inundando la fábrica. En el momento de la inundación Valentina se encontraba en la fábrica trabajando con productos químicos muy peligrosos que debido a la subida del agua y a un cortocircuito se derramaron tanto en su rostro como en parte del cuerpo y así produciendo su ceguera. También me cuenta  como a partir de ahí no fue la misma. Dice que gracias al accidente se hizo menos egoísta y comprendía mejor a su madre ayudándola en todo lo que podía. Desde la corta edad de 13 años Valentina cuidó a sus hermanos y cuando su madre murió  diez años después ocupó su lugar en la familia. Ayudó a sus hermanas a buscar un buen marido con una buena dote y a sus hermanos varones a encontrar mujer y un trabajo honrado. Poco a poco todos ellos se hicieron mayores y abandonaron el hogar familiar menos ella, que se quedó con su padre para socorrerlo ya que se encontraba en la misma situación  en la encuentra ella ahora.

   Valentina no se ha casado. La ocupación familiar y ejercer de madre hicieron que encontrar marido fuera una tarea imposible para una mujer tan ocupada como ella. Me cuenta que una vez tuvo novio. Dice que era el hijo del alcalde. Se llamaba Manolo y era alto guapo y con mucho dinero de aquel entonces. Valentina me cuenta que se iban a casar pero ella en el último momento decidió que no por el bien de su familia.

   Ahora con 86 años disfruta de su vida tranquila en la residencia, recibiendo con amabilidad y alegría a todas aquellas personas que vienen a visitarla como sus sobrinos o yo.

  Historias como las de Valentina se repiten en cada una de las habitaciones de la residencia de la Misericordia y las de cualquier otra residencia porque, aunque la edad no perdona, la sabiduría de nuestros mayores es infinita.

jueves, 17 de marzo de 2011

Hoy algo de lectura


Gustav

    Gustav, mi gran amigo Gustav, y digo amigo, debido a los muchos años que llevo tratando con él en mi despacho. Yo, Karl Bashmakov, soy psiquiatra y mi gran amigo es, también, mi más fiel paciente. He de decir que es un hombre muy especial y ahora os contaré el porqué.
   Físicamente no llama mucho la atención. Es un hombre adulto rozando la vejez, de estatura media y con una constitución muy delgada y esbelta. Su pelo blanco se asemeja a las pelucas que llevaba Andy Warhol en su época. Su cara es alargada, de prominentes arrugas en la zona de la frente y la boca. Sus ojos de un azul claro, son penetrantes y sufridores. Su cuerpo larguirucho y esmirriado, deja entrever alguna que otra cicatriz y los numerosos tatuajes que tiene ya desgastados por el tiempo.
  Es un hombre frío y calculador. Por otro lado es maniático y controlador hasta decir basta pero lo que le hace especial es  su desdicha, problema o esquizofrenia.
  La esquizofrenia en sí no es una desdicha especial pero la de Gustav es distinta. En todos los años que llevo trabajando como psiquiatra, jamás había visto algo así. Las revisiones comienzan siempre de la misma manera: Él se sienta, cruza las piernas y se limpia las gafas. Saca del bolsillo de la camisa un papel en blanco en el que escribe, nada más despertarse, lo que sueña. Siempre el mismo sueño. Una vez leído dicho papel en alto, se pone a llorar desconsoladamente convirtiendo su gélida expresión en la de un niño indefenso. Una vez secadas las lágrimas, le pregunto como se siente hoy, si más joven o más anciano que ayer. Le pregunto esto porque la peculiaridad de su problema radica en la vejez.
  Jules Bernard, escritor y dramaturgo francés dijo una vez que la vejez existe cuando se empieza a decir: “Nunca me he sentido tan joven”. Esta es la misma frase que cada día le repito a Gustav. ¿El porqué? Por una razón muy sencilla: mi gran colega cree, y está seguro de ello, que es 40 años más joven de lo que realidad es. Su vida a girado en torno a este problema. Desde que era pequeño siempre se relacionó con gente de edad más avanzada porque era incapaz de mantener una conversación con gente de sus edad. Su sabiduría sobre la vida era la propia de un hombre mayor mientras que según crecía esta sabiduría disminuía a pasos agigantados cometiendo los mismo errores que cometen los jóvenes de hoy en día. Respecto a los intereses sucedía igual. Ahora con casi 60 años solo piensa en jugar al balón mientras que, cuando tan solo tenía 18, disfrutaba leyendo el periódico o yendo a lugares, reuniones o espectáculos que requerían una madurez que un chico de esa edad no poseía. En el tema salud, tanto mental como física, se daba la misma situación que en las anteriores. Su línea de vida caminaba en contra dirección.
  Sin lugar a duda y lo que más me llamaba la atención y razón por la cual estaba en mi despacho día tras día, era la pesadilla. Ese sueño que atormentaba cada noche su momento de descanso. El sueño, como dije antes, era siempre el mismo. La muerte, vestida de negro y sujetando una espada en la mano derecha y una balanza en la izquierda, se le aparecía pidiéndole explicaciones de cómo había sido capaz de burlar el curso natural de la vida de tal manera. Gustav, que en el sueño estaba representado por su “yo” anciano y su “yo” joven, se figuraba vestido de blanco y con unas esposas que unían los dos Gustav. Al final del sueño la muerte le propone un trato: si cede su vida, la muerte conservará el Gustav joven para el fin de los tiempos.
  Pensareis… ¿Por qué nos cuenta esto? Mi respuesta es simple y breve: Ayer le dije a Gustav que esa noche contestara a la muerte y le dijera que aceptaba el trato que le proponía.
Gustav murió ayer. Lo sorprendente es que cuando lo encontraron hallaron el cuerpo de un hombre joven, guapo y esbelto. Preciada juventud. Desdichada vejez. Plácida muerte.

Espero que os guste. Ha sido una de mis prácticas para la universidad!

martes, 1 de marzo de 2011

The pretty reckless




Vivan las rubias peligrosas

No  sé que es lo que mas me gusta de este grupo si la estética o la capacidad de ser como son sin caer en aburrimiento por la explotación del género. Está claro que la joven TM ha sabido explotar toda su personalidad y acabar con los estereotipos de actriz-cantante-modelo.
INCREIBLES